17 Dic

Finaliza la Odisea de 4 refugiados políticos sudaneses en República Dominicana

El 12 de diciembre 2011, después de 6 años y 8 meses en República Dominicana, Nagla Hassan Omer Karar y sus hijos Riham, Osman y Mohamed han podido montarse en el vuelo Air-France de las 9:10 de la noche, con destino Ámsterdam, su nueva patria, donde representantes de OIM (Organización Internacional para las Migraciones) los esperaban para ayudarlos en su inserción en esa sociedad.

Para entender este caso hay que contar la historia de Nagla y su familia. Ellos vivían en Sudan, un país situado en la parte centro-oriental de África. Este país es caracterizado por una dictadura militar y fuertes conflictos sociales entre las diferentes etnias que ocupan las diferentes parte del territorio (el territorio de Sudan, antes de la división que se dio en el 2011, era 52 veces más grande que República Dominicana, ahora es “solo” 39 veces más grande.

Nagla y su esposo trabajaron siempre para la defensa de los Derechos Humanos, en particular de las personas de la región del Darfur, por eso fueron víctimas de atropellos en dos ocasiones. La primera vez fueron detenidos y liberados con la advertencia de que dejaran sus labores sociales; unos meses después, ya que la pareja seguía sus trabajos sobre la defensa de los Derechos Humanos, el esposo de Nagla fue arrestado nuevamente por el ejército.

Nagla y sus hijos, con el apoyo de organizaciones internacionales, tuvieron que salir del país para no ser condenados a la misma suerte y llegaron casualmente a Republica Dominicana en el 2005 (Nagla en abril y sus hijos en octubre). Todavía no se ha sabido nada de la suerte de su esposo.

A su llegada a la Republica Dominicana solicitaron de inmediato asilo político al Gobierno, pero, lamentablemente, en el 2009 todavía no habían recibido ningún tipo de respuesta, así que se dirigieron al ACNUR (Alto Comisariato de la Naciones Unidas para los Refugiados) que desde Washington hizo las investigaciones necesarias, reconoció el estatus de refugiados políticos y solicitó a Holanda que los acogiera.

CEFASA en esta historia tuvo su papel, ya que desde el 2009 ha sido el vínculo entre la familia de Nagla y el ACNUR. Al despedirlos, agradecemos la oportunidad de haber podido conocer personas de una cultura profundamente diferente a la Dominicana, con valores, creencias religiosas, costumbres que nos han enriquecidos.

Ahora podemos solamente desear a Nagla y su familia que tengan un futuro de estabilidad y paz, como ellos dicen “INSHALLAH” (si Dios quiere).

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